La columna del Dr Bernardo Muñoz
Cada 21 de mayo Iquique deja de ser solamente una ciudad del norte de Chile para transformarse en un territorio de memoria. Las bocinas de las embarcaciones, las ofrendas florales lanzadas al mar, el desfile de las fuerzas vivas de la ciudad y la emoción colectiva que se vive frente a la boya de la Esmeralda recuerdan que aquí ocurrió uno de los episodios más trascendentes de la historia nacional: el Combate Naval de Iquique del 21 de mayo de 1879. A las 12:10 aproximadamente, hora en que la corbeta Esmeralda terminó hundiéndose frente a la rada de Iquique tras el tercer espolonazo del monitor Huáscar, decenas de embarcaciones civiles, pesqueras y de la Armada hacen sonar simultáneamente sus sirenas en homenaje a los marinos caídos. Ese instante posee una fuerza difícil de explicar para quienes no nacieron o no crecieron en Iquique. No se trata solamente de recordar una batalla. Se trata de recordar un sacrificio. Aquella mañana de mayo de 1879, la vieja corbeta Esmeralda y la goleta C...